jueves, 20 de septiembre de 2007

Solo por el gusto de inventar...


Casa Sebas (I)
Paco tenía una tasca en una travesía perpendicular a la calle Mayor. Hace años esta vía, columna vertebral del pueblo, había dejado de estar abierta al tráfico. Aunque en su día no lo pensó así, el peatonalizar la calle benefició a su negocio. Casa Sebas rezaba un letrero encima de la entrada principal, aunque en el pueblo todo el mundo lo conocía como La Gallega. Su padre, Sebastian, abrió el negocio recién regresado de Argentina. Allí hizo algo de fortuna y junto con la plata se trajo -previo paso por vicaría- a Joaquina, la gallega.
Antes de que naciera Paco nació en Sebas la afición por la pesca. Era difícil no encontrarse con él si bajabas a dar un paseo por el río. Siempre con la colilla consumida en los labios y con un trescuartos raído con los bolsillos llenos de achiperres de pesca.
- "¿Qué tal Sebas? ¿Se da bién?"
Y siempre contestaba lo mismo:
-"Hombre, darse, darse no se da mal...pero bien tampoco"
En una tarde de tormenta, de esas que La Gallega decía "de las 3 B" -bota, brasero y baraja- a Sebas se lo llevo el río. El retén de busca encontró el trescuartos entre los sauces de la orilla, dos pueblos río abajo, con los bolsillos vacíos pero sin resto de su dueño.
Paco, con 14 años, dejo la escuela y asumió la gestión del bareto dirigido por su madre desde los fogones. Y además de dejar la escuela empezó a correr por las tardes...

3 comentarios:

miquel dijo...

¿Ya està?
¿Cómo sigue la història?

Supongo que la cosa no queda aquí i tendremos una segunda parte, no?

Sea como fuere me ha gustado tu "invento".

Saludos

Miquel Morales dijo...

Estoy con Miquel.
Queremos más... para cuando la segunda parte??

Bulderban dijo...

Joder macho, cuelgo los trastos deportivos y pillo la pluma je,je,je.