jueves, 12 de marzo de 2009

Caminos

La columna vertebral que une mi Barcelona-Madrid (y viceversa) ya no es la A2. Hace unos meses que cambié y ahora son los raíles del AVE los que vertebran mis idas y venidas laborales. A ambos lados de las vías salen caminos. Decenas, cientos de caminos que no se donde llevan. Caminos de tierra que, como hacen los nervios con la médula espinal, se alejan y se pierden en la lejanía dejando abierta la incognita del lugar a donde van a morir. Caminos que atraen y piden "zapatilla", caminos rectos dibujados casi con tiralíneas, caminos que se retuercen dibujando meandros secos y curvas inexplicables. Desde la ventana los sufro. Si, los sufro. Porque lo que realmente me gustaría no es desearlos sino tenerlos. Conocerlos todos. Todos. Empezarlos y medirlos con mi zancada. Disfrutarlos en lugar de verlos pasar a casi 300 km/h.
Pero como eso no puede ser, entonces juego. Juego a adivinar cuales acaban detrás de aquel alto pelado. Cuales solo sirven para unir dos pequeños pueblos venidos a menos. Cuales son infinitos y darían para una buena zurra. Cuales dan un pequeño giro y vuelven a la vía, a la columna vertebral. Igual que vuelvo yo a pasar por aquí cada semana. Hoy toca descanso. Descanso y deseo.

4 comentarios:

Macario dijo...

El gusto que da cuando vas por un camino por vez primera...

miquel dijo...

Los caminos pueden ser como las ramas de un árbol. Pueden esconder frutos en cada una. A cada uno de catarlos.

Un abrazo lechón!

Nico dijo...

...... por eso hay que intentar siempre cambiar de ruta de entreno.... hay que conocer y descubrir......
Un abrazo
Nico

Almasy dijo...

NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Has caído en la tentación de los popups!!!!!!!!!!!