

Esta vez son todos los que están pero no están todos los que son.
Y a medida que va llegando el final acortas el paso de una manera incosciente, como si no quisieras acabar. De una manera parecida a ese trozo de tarta tan sabrosa en la que cada vez que lanzas el cuchillo cortas un pedazo más pequeño, como buscando que dure siempre. Miras a la gente. Y te ves reflejado en ellos. Y tienes claro que, más o menos, estas siendo feliz.
"Por tres mil vidas de hombres he morado en esta tierra... y ahora me falta tiempo"
Gandalf (El señor de los Anillos)
Foto: Gracias Assumpta !
8:50 AM- Un tropel de corredores etiquetados con números trotan a distintos ritmos con caras todavía frescas pero sin euforia. Las piernas se calientan rápido, los brazos tardan más. Humedad pero sin llegar a molestar. En un pinar, junto a unos coches, un grupo de personas reparten cestas para pasar la mañana recogiendo setas. Van bien abrigados. Sonríen. Alguno mira sin entender donde vamos.
12:39 AM-Medio a rastras el dorsal 131 sube el último repecho después de chapotear por un riachuelo. Poco profundo pero de agua fría. Lleva un cascabel colgado en la parte trasera de su pantalón que suena cuando corre. Encara la línea de meta, agarra la alianza que lleva colgado al pecho y se la lleva a los labios. A ambos lados hay gente que aplaude sin conocerle. Sonríen y, seguramente se alegran. Todos esperan a alguien. Todos saben por la cara del corredor que le ha costado llegar hasta aquí. Complicidad.
Si en cualquiera de estas 4 situaciones te cambiarías por el/los que no corren...no leas la crónica que estoy preparando de la maratón de montaña de L'Ardenya.