lunes, 15 de diciembre de 2008

Cuento corto

Hay días que me apetece escribir. Sobre lo que sea. Inventar y dejar pequeñas historias para saborear en lo que dura tomarse un café. Incluso he pensado alguna vez escribir una serie de pequeños relatos. Nunca es tarde. Esto es lo que ha salido hoy. Espero os guste.
_____
Cada diciembre por estas fechas hacía lo mismo. Decía que podía leer el futuro en las pizzas y no adivinaba una mierda. El ritual se repetía año tras año. Pedía una de atún y aceitunas con mucho tomate. Las migas de pescado y las olivas dibujaban un mapa de lo, hasta ese momento, desconocido. Sentado en una mesa al fondo de la vieja trattoria esperaba con los ojos cerrados, meditando, la llegada del futuro sobre base de pan tostado. Y lo destripaba.
Esta vez intuyó épocas de bonanza a pesar de que no lo parecía. "Si no fuera por esa aceituna negra arrugada y envuelta en tomate, me atrevería a decir que será mi año". Con sus manos torpes, que algún día estuvieron libres de artrosis, giró el plato. "¿Qué coño pinta esa aceituna negra otra vez en medio?" Volvió a girar buscando el lado bueno, cortó la pizza en cuatro trozos y desgrano, mes a mes, lo que tenía por delante.
Apretando la frente consiguió meter alguna arruga más de las que ya tenía. Desenfocó la miope mirada, castigada por los años y el trabajo en la fundición de su padre. Carraspeó. Se llevó una mano al cuello y cayó desplomado entre la mesa y la pared. Si. Cayó junto a aquella pared abombada por la humedad donde cada vez que ejercía de oráculo anotaba en una servilleta lo que el futuro le deparaba. Con una letra difícil de leer, estirada como los surcos de un sembrado, hilaba palabras a golpe de intuición. Frases cortas, apelotonadas unas contra otras. A veces, las menos, garabateba unas líneas a modo de dibujo resumen: una silla, una montaña, un sol... Nunca más.
El chico que servía las mesas despidió a la ambulancia desde la puerta. Después pasó a retirar la pizza. La examinó con curiosidad antes de llevarla a la cocina. Casi intacta. Solo dos cortes que se cruzaban en el centro. Una cruz perfecta que dividía en 4 partes, no tan perfectas, el devenir del viejo. Y una pequeña marca. La que deja una aceituna.

6 comentarios:

miquel dijo...

Muy chulo el relato, bulder!

No es mas fácil adivinar el futuro en una 4 estaciones?

Una abraçada noi.

davidiego dijo...

muy bueno.
un abrazo.

Los Espejos dijo...

muy bacano su cuento, le gusto mucho la forma de tratar el tema y el tono en primera persona. je.
un abraso

Bulderban dijo...

Me alegro que os haya gustado...

Ramón Doval dijo...

Muy bonito, aunque me dicen que en Jaén no ha hecho mucha gracia.

Pablo Vega dijo...

Pero qué bien escribe mi niño!!!