domingo, 23 de marzo de 2008

En fin...

Desde el salón de casa de mis padres hay una vista privilegiada de Gredos. La imaginación escapa rápida y salta por encima del río Tormes dejando al cuerpo en casa, calentito. Pasa rozando la torre de la iglesia, saluda a las cigüeñas que un día dejaron de irse a Africa en invierno, y vuela camino del Almanzor. A traves del ventanal puedes ver como la nieve viene y se va en unas pocas horas quedando solo un borrador de lo que era hace años un sierra completamente blanca hasta bien entrada la primavera. De pie, atrapado por lo que veis en la foto, puedo pasarme bastante rato, horas incluso. Dibujo mentalmente las rutas que he pateado tantas veces (y las que quedan) y echo de menos no sacarle todo el partido que, para mi, ofrece el haber nacido en este rincón del mundo. Un lujo. Porque hay sierra para rato y, por mucho que subas, bajes, vayas y vuelvas siempre hay un camino, una garganta, un picacho, una vaguada que queda virgen a mis huellas. Y es solo cuando haces el ejercicio de mirar con la tristeza del alma cuando te das cuenta de lo poca cosa que somos. En fin...
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4 comentarios:

Ramón Doval dijo...

¿Quién dijo que "no hay paisaje impresionante sin montañas"?

Pablo Vega dijo...

Para mí hoy en día hay dos poetas de referencia en España: Roberto Iniesta y tú.

irotante dijo...

todo eso hay que vivirlo y nacer en esos rincones de nuestra península...UHFFF ME HA ENTRADO MORRIÑA GALLEGA

Macario dijo...

Como urbanita cuyo máximo arraigo es un barrio periférico de los Madriles, siempre he sentido cierta envidia por los que eran de pueblo. Aunque sea tan feo :-)))