lunes, 8 de septiembre de 2008

¿Contra uno mismo?

La resaca veraniega no acaba de desaparecer. Cuesta retomar las costumbres de entreno y, como siempre que hay un paroncillo, el cuerpo se queja del arranque. Las tiradas de 60' se llevan con dignidad y se termina sacando pecho pero las de hora y media... esas ya se hacen un poco cuesta arriba. No importa. Se que el ritmo que intento llevar es algo más alto del que debería y eso sale. Sale en carrera. Y sale a la mañana siguiente. Eso si, nada que una buena ducha a las 7:00 AM no sea capaz de arreglar. Es curioso. Nunca duele lo mismo. El día que los gemelos, el culo, la espalda, los tobillos, los dedos de los pies y otros apéndices se pongan de acuerdo... me quedo en la cuadra, castigado sin el rato de trote que, en estas fechas, me sirve para ver ponerse el sol.
Ayer pensaba... Apurando las horas de luz corría por un camino salpicado de piedras, como la cara de una niña con pecas, y mientras le daba vueltas a lo de los dolores matutinos -digamos molestias mejor-. "No es para tanto hombre y seguro que con la costumbre esta de estirar desaparece", pensé.
Y de todo, lo peor son esos días cuando lo que te duele es el alma -aquí los estiramientos no sirven para nada. Cuando no encuentras el punto de escape que necesitas. Cuando te preguntas ¿Y todo esto para qué? Cuando quemarías todas las zapatillas en una gran hoguera. Cuando solo hay excusas para el perreo. Y es en esos días cuando, más que nunca, hay que salir a entrenar. Sin compasión con uno mismo. Engañaté. Hazte la putada. Te lo agradeceras antes del primer kilómetro.

4 comentarios:

almasy dijo...

Yo desde que empecé a darle de nuevo tras el verano me estoy aplicando la teoría de la "utilidad del sufrimiento". Ojo, utilidad. Básicamente se resume en que cuando estoy llegando al final del entreno y el cuerpo no puede más me autoputeo con algún km extra. Espero que sirva de algo.

Ramón Doval dijo...

¡Aquí no se retira nadie sin sirena! ¡Animo!

Cientounero dijo...

Yo me pegué la paliza el primer día, el 31 de agosto. Eché la papilla, tuve que parar a andar, ¡no podía con mi alma!

Así que la determinación fue, empezar de cero. Lo que podía hacer y cada día un poquito más. No tengo otra.

Anónimo dijo...

joder bulderban, eres el que más escribes con diferencia.
por ciero, te recuerdo tengo tu acople.
un abrazo.
Angel Asp